Ana y su casa rural en Porto de Mós: una casa para otros

https://youtu.be/GHlOlowZjN4

Llegamos a casa de Ana después de comer, aunque yo llegué bastante a medias. Algo me había sentado mal la noche anterior, sospecho que las almejas, y pasé más tiempo en el baño que durmiendo. Yo, que nunca hago siestas, caí dormida dos horas nada más llegar. Después salimos a dar una vuelta por Zabujal da Alcaria, en Porto de Mós, un pueblo pequeño rodeado de naturaleza, piedra y caminos tranquilos. A la vuelta solo quedaba ese rato para hablar con Ana. A la mañana siguiente se iba pronto, así que era ahora o nunca. Y aunque no estaba en mi mejor momento, nos sentamos a conversar y a recorrer su casa.

En pocas palabras

🧑 NombreAna
📍 LugarZambujal de Alcaria, Porto de Mós, Portugal
🏠 Tipo de viviendaCasa unifamiliar restaurada
📅 Vive aquí desde2021
🌍Su origenLeiria, Portugal
🔍 Dato curiosoDa clases de yoga y meditación en prisiones de hombres adultos y jóvenes

Una casa antigua con más luz

La casa de Ana y Luís es una casa antigua, de 1950, aunque antes de ser casa fue molino de viento. Al comprarla en 2017, Ana no pensaba en alquilar habitaciones, sino en crear un lugar para ella. Después llegó Luís, llegaron los cambios, la pandemia, las reformas y una idea que ya estaba de alguna manera en ella: recibir gente.

La casa no es grande, pero está muy bien aprovechada. Tiene una parte para ellos, habitaciones para huéspedes, una cocina abierta, una zona exterior para yoga y meditación y una zona superior que de momento utilizan como oficina y almacenamiento. Sueña con reformarla algún día.

Ana cuenta que cuando llegó todo era más oscuro, así que una de sus prioridades fue abrir la casa a la luz: ventanas nuevas, puertas de cristal, pequeños cambios que transforman mucho la sensación del lugar.

El sueño de recibir gente

Ana dice que siempre le gustó recibir amigos, pero que en algún momento pensó que quizá no tenían por qué ser solo amigos cercanos, sino amigos de todo el mundo.

Durante muchos años trabajó en contabilidad, hasta que unos meses antes de la pandemia decidió dejar esa etapa atrás y dedicarse a la casa, al yoga y a la meditación. No lo cuenta como un salto perfecto, porque la vida real nunca lo es, pero sí como un cambio necesario para ella.

https://youtu.be/Uh6Nvu7Y2DE

Yoga, meditación y prisiones

Ana ahora da clases presenciales y online de yoga y meditación y desde la pandemia mantiene una meditación diaria online, de siete a siete y media de la mañana.

Una de las cosas que me llama la atención es su trabajo en prisiones de Leiria, donde da clases a hombres adultos y también a jóvenes de entre 16 y 23 años. Lo explica como algo distinto a una clase de yoga convencional. Allí no se trata solo de hacer posturas, sino de llevar un mensaje, de crear un espacio de respeto y conversación.

Con los adultos, dice, se generan conversaciones muy profundas sobre espiritualidad. Con los jóvenes es más difícil, porque tienen mucha energía y no siempre están disponibles para parar, pero la respetan. Ella lo dice con naturalidad: quizá porque la ven un poco como madre o abuela.

Una casa hecha entre dos

En el exterior aparece mucho Luís. Ana tiene las ideas y él las materializa. El jardín, los espacios de madera, la pequeña huerta, las gallinas, los proyectos que siguen apareciendo. Él entró en su vida hace años y, como dice ella, se sumó a su proyecto y lo hizo suyo.

Tienen también un terreno más arriba, con un pequeño bosque, donde Luís está construyendo una cabaña de madera. De momento no tiene agua ni luz, pero ya está la idea de que algún día pueda ser también un espacio para dormir, retirarse o simplemente estar.

Ser libre

Cuando habla de su vida, Ana vuelve varias veces a una idea: la libertad. Se fue de casa con 16 años y perdió a su madre siendo muy joven.

Dice que siempre quiso ser independiente, “señora de su nariz”, como dicen en portugués, una forma muy gráfica de hablar de independencia. Viene a significar algo así como ser dueña de una misma. También reconoce que durante mucho tiempo se rebeló contra parecerse a su madre, y que con los años ha descubierto que hay mucho de ella en sí misma, más de lo que le gustaría.

Tradición, espiritualidad y el lugar

Ana creció en una familia bautista evangélica, algo diferente en un país mayoritariamente católico. Hoy se define más como espiritual que religiosa. Para ella, Dios está por encima de las religiones, y el yoga le ha dado una forma más abierta de entender lo que siente.

En la zona, la tradición sigue muy presente. Habla de las fiestas de Pascua, de las alfombras de flores en Porto de Mós, de las celebraciones de agosto y de la capilla de São Silvestre, que se abre el 1 de enero. Antes, en esa fiesta, se llevaban animales para ser bendecidos. Hoy queda más la procesión, la hoguera y la memoria de esa costumbre.

Qué significa casa

Cuando le pregunto qué significa casa para ella, Ana habla de armonía. De niña quizá no sintió siempre esa armonía en su propia casa, y por eso ha querido construirla ahora. No solo para ella, también para otros.

Su casa no es una casa cerrada, ni una casa pensada solo para vivir dentro. Es un lugar seguro que se abre, una casa propia que también puede convertirse, por unos días, en la casa de otras personas.

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