Chimeneas del Algarve: cuando las protagonistas peinan el cielo 

En la etapa I de la vuelta al mundo de Camu Camu, cruzamos Alentejo y bajamos hacia el sur de Portugal, camino al norte de África. Entramos al Algarve por la playa de Odeceixe, una espectacular playa que hace de frontera natural entre regiones. Cruzarla no hace más que intensificar el blanco de la arquitectura tradicional, el azul y el ocre, el sol, y los pueblos ahora algo más frecuentes y densos. Empezamos por Aljezur y, después de tomar la A22, entramos y salimos de la Vía del Infante visitando Lagos y su alucinante y escarpada costa, Albufeira, Faro, Olhão y Cacela Velha, hasta cruzar el Guadiana para llegar de nuevo a España. Pueblos que miran al mar, calles empedradas, tiendas, restaurantes y bares, algunos de ellos con un ambiente de fiesta hecha para el extranjero que hasta incomoda… pero mirando al cielo hay un elemento común en todos, un elemento que, a pesar de ser diferentes, unifica: las famosas chimeneas del Algarve.

Esculturas en los tejados: la forma de las chimeneas del Algarve

Desde antes de llegar al Algarve ya me llamaban la atención algunas; se empiezan a ver en Alentejo, pero es a partir de Aljezur cuando se vuelven omnipresentes. Empiezo a verlas como si fueran pequeñas esculturas caseras. Algunas son prismáticas, otras cilíndricas, otras cúbicas y otras pirámides, pero todas con calados y un remate superior, todas de cerámica pintada en blanco. Parece que no hay dos iguales. La curiosidad empieza a apoderarse de mí. ¿Por qué son así? ¿Quién las hizo? ¿Qué cuentan?

Una firma familiar sobre el tejado

La respuesta llega en Olhão, en casa de Filipa. Es Semana Santa, llegamos la víspera del domingo de Resurrección. Nos recibe con la calidez de quien espera a unos amigos que hace tiempo que no ve, un detalle en cada rincón, dulces tradicionales sobre la mesa, entre ellos el famoso Folar de Olhão con su sabor a canela y su forma que me recuerda a los “cinnamon rolls” de Canadá. Me cuenta cómo tradicionalmente las mujeres, lideradas por las abuelas, se reunían cada año a preparar los dulces juntas y que ahora, como ella, la mayoría ya los compra. Ya no hay tanto tiempo (o ganas) para el cocinado a fuego lento, a pesar de ello, con orgullo, nos los da a probar.

Nos alojamos en su casa familiar, una casa unifamiliar en medio de la naturaleza, un poco alejada de la costa, hecha con cariño por su abuelo. En una de nuestras conversaciones no puedo evitar preguntar por las chimeneas de la región. Y parece que estaba esperando esa pregunta, se le ilumina la cara, sonríe y con orgullo me dice: “La que ves arriba la eligió mi abuelo cuando construyó la casa. Cada familia construía y diseñaba la suya. Era como dejar una firma sobre el tejado de la casa”.

Origen histórico y símbolo de identidad

Hoy parecen parte natural del paisaje, coronando edificios residenciales y casas unifamiliares de construcción tradicional y moderna, pero su origen se remonta a hace siglos. Parece ser que su origen, como el de los azulejos de las fachadas, está relacionado con el periodo en que el sur de la península ibérica formaba parte del Al-Ándalus, entre los siglos VIII y XIII d.C. Los árabes trajeron técnicas arquitectónicas avanzadas para la época, y su gusto por las formas geométricas, los calados decorativos y la ventilación natural acabaron por formar parte de la identidad arquitectónica tradicional portuguesa.

Con el tiempo, esas estructuras de origen funcional evolucionaron en verdaderas obras de arte, y se convirtieron en una forma de mostrar estatus y creatividad. Un lenguaje propio, que peina el cielo.

Y ahí, para mí, está la magia. Las chimeneas del Algarve no son solo bonitas y cumplen su función. Son arte popular, son símbolo y orgullo familiar que ha resistido el paso del tiempo. En épocas pasadas, cuanto más ornamentada la chimenea, mayor el prestigio del dueño.

Hoy muchas de esas chimeneas siguen ahí, intactas o renovadas, conviviendo con otras modernas que intentan imitar o reinventar los estilos antiguos manuales. Incluso hay tiendas donde, entre pasillos y pasillos de cerámica, se pueden comprar versiones prefabricadas listas para instalar, inspiradas en las formas tradicionales.

Desde los pueblos más turísticos, masificados y renovados como Albufeira, a los no tanto como Olhão, o los que mantienen intacta la arquitectura tradicional local como Cacela Velha. Cada una parece decir: “Aquí vive una orgullosa familia y esta es su seña de identidad”.

Cuesta ver dos iguales. Y eso, en tiempos donde la arquitectura está pasando a ser industrializada y la función predomina sobre lo artesanal, emociona que se mantenga.

Las chimeneas del Algarve se han convertido en un museo al aire libre de la arquitectura tradicional doméstica. Y si además tienes suerte, y alguien como Filipa te acoge en su casa familiar y te cuenta la historia detrás de ellas, de seguro ya no vas a poder dejar de mirar hacia arriba cuando un día viajes por esta región. Yo me arrepiento de no haber ido preparada al poner un pie en ella y haber tomado más fotos de detalles para apreciar ahora las diferencias. Espero que estas palabras le sirvan a alguien para que no le pase lo mismo.

Porque esas chimeneas no están ahí por casualidad. Son marcas de identidad, de historia familiar, de un tiempo en que construir también era contar algo que perdura. Así que si algún día pasas por el Algarve, levanta la vista para apreciar esas firmas familiares.

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