Cooperativas femeninas y turismo ético en Marruecos: cuando el empoderamiento se vuelve marca
Me encuentro hablando con Samira, gracias a la traducción de Mariam, en un pequeño pueblo a los pies del Atlas. Samira y otras mujeres de la cooperativa me enseñan a usar un telar e hilar un ovillo de lana para tejer una alfombra tradicional. Parece fácil, pero no lo es; me siento muy torpe. He dudado, pero no he sabido leer bien la situación, y ahora llevo puesto un traje tradicional amazigh y me han cantado una canción. Yo me quiero fundir. En mi cabeza saltan todas las alarmas: ¿por qué un proyecto de empoderamiento acaba en un espectáculo que no sé si hacen porque les apetece o porque creen que es lo que espero? Voy de la mano de una ONG que, por lo que he hablado, ha supuesto un punto de inflexión en la vida de mujeres como Samira, pero no termino de entender bien qué está pasando.
El auge de las cooperativas femeninas
Las cooperativas femeninas han experimentado un crecimiento significativo en Marruecos en los últimos años. Entre 2015 y 2023, el número total de cooperativas pasó de unas 15 700 a más de 60 000, y más de 7 700 están lideradas exclusivamente por mujeres (CIRIEC, 2024; The Dyorama, 2025). Este desarrollo ha sido impulsado por programas como la Iniciativa Nacional para el Desarrollo Humano (INDH) o el Plan Marruecos Verde.
Una cooperativa femenina, en términos generales, es una asociación legalmente registrada, liderada e integrada por mujeres, en la que se produce, transforma o comercializa algo. En Marruecos, muchas están ligadas al argán, las alfombras, el cuscús, el azafrán… Además, funcionan como espacios de formación, socialización y desarrollo para mujeres con saberes tradicionales, especialmente en contextos rurales.

Los grises detrás del empoderamiento
Y aquí es donde empiezan los grises. Aunque por definición están gestionadas por mujeres, en la práctica esto no siempre se traduce en una autonomía real. En algunas cooperativas que visité surgieron menciones a hombres encargados de la administración, maridos que acompañaban las gestiones o la presencia de ONGs que organizan visitas turísticas a cambio de una parte de las ventas o a cambio de fijar salarios que no necesariamente dependen de lo vendido. Esto no tiene por qué ser negativo si es un paso inicial, pero me cuesta entender cómo se hace esa transición hacia una independencia económica real. Lo pregunté, y la respuesta fue algo así como: “ya veremos cómo evoluciona; nuestra idea es retirarnos al cabo de un tiempo”. He buscado información sobre cómo funcionan esos traspasos, pero no parece haber datos públicos.


¿Cuánto empoderamiento hay realmente?
No encontré cifras claras sobre los salarios, pero todo apunta a que los ingresos que reciben muchas mujeres son bajos y poco estables.
Sé por experiencia que llevar una empresa no es fácil. Hace falta tiempo, formación, capacidad de gestión, comercialización, marketing… Así que me surge una duda: ¿cómo es posible que mujeres que han aprendido a leer y escribir hace solo unos años ya estén al frente de las finanzas de estas cooperativas, si en teoría son estructuras horizontales? La respuesta es clara: en muchos casos no son ellas quienes toman las decisiones clave. Ellas son la imagen y el nombre de algo que, para el turista occidental, responde a una imagen que resulta muy atractiva: la de “la salvación de la pobre mujer musulmana”. Una narrativa muy simplista para una realidad muy compleja.
Sé que es una afirmación fuerte. Pero después de consultar varios estudios, tengo la sensación de que algo de eso hay. Y me parece una lástima. Ojalá, pasado este primer estallido de interés, sobrevivan los proyectos que van más despacio, pero más seguros. Los que parten de ayudas, sí, pero que se consolidan con formación, microcréditos y autonomía real. Como los microcréditos que promueve, por ejemplo, la ARDI Foundation, presente en varias de las comunidades rurales que he visitado.
Un motor posible para sostener la vida rural
No quiero que esto eclipse lo positivo. Las cooperativas femeninas están transformando muchas vidas y representan un cambio profundo en el mundo rural marroquí. Me voy con la sensación de que pueden ser una de las claves para mantener la vida rural del país. Pero como en todo, no todo es tan perfecto como a veces parece. Y si hablamos de empoderamiento real, creo que es importante mirar también las aristas para discernir de los proyectos sólidos , y los que se quedan en una operación de marketing.


Este texto combina observaciones personales y conversaciones mantenidas durante el viaje con datos recogidos en estudios recientes sobre cooperativas femeninas en Marruecos .
Datos prácticos
Fecha de la visita
Lugar
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Para saber más
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Consejos para la visita
Junio 2025
• Información general sobre cooperativismo en Marruecos a través de programas públicos como la Iniciativa Nacional para el Desarrollo Humano (INDH).
• Estudios recientes sobre cooperativas femeninas: CIRIEC y Springer, Policy Center for the New South y ICARDA / CGIAR.
• Preguntar siempre si se pueden hacer fotos o grabar.
• Ser respetuoso, no tener prisas e ir con la mente abierta a cosas que nos puedan sorprender.
• En algunos casos, lo que vemos esta pensado para visitantes y no es la cotidianidad.
• No dar por hecho nada, ni estereotipar con lo que se cree que se sabe cada mujer es un mundo.
• Evitar tratar la visita como un espectáculo y priorizar las conexiones humanas, incluso a través del lenguaje no verbal cuando no hay un idioma común.
• Preguntar detalles solo si se da un contexto de confianza para no incomodar.
• Recordar que cada cooperativa funciona de forma distinta y todo lo que se expone aquí esta basado en la experiencia y lecturas personales.



