Vivir sin prisa: la historia de Susa una alemana con el corazón de Portugal
Ficha de la entrevistada
| 🧑 Nombre | Susa |
| 📍 Lugar | Cavaleiro, Alentejo, Portugal |
| 🏠 Tipo de vivienda | Casa unifamiliar |
| 📅 Vive aquí desde | Hace más de 15 años |
| 🌍Su origen | Suroeste de Alemania |
| 🔍 Dato curioso | Estudió ingeniería mecánica siendo una de 5 mujeres entre 450 hombres |
Resumen de la conversación
Llegamos a casa de Susa sobre las ocho de la noche, tras una larga jornada de ruta desde Zambujal de Alcaria, pasando por Nazaré, y las calles empedradas de Ericeira y Vila Nova de Milfontes. Desde hacía varios kilómetros ya estábamos en Alentejo: los pueblos más distanciados entre sí, la vegetación más dispersa y esa sensación inconfundible de que las revoluciones bajan. Las coordenadas nos llevan por un camino sin asfaltar y confiamos en que no nos llevaran por un sendero intransitable para nuestro bajo coche. Nos recibe con una sonrisa tranquila y la cena para ella y su pareja servida. Para variar vamos más tarde de lo que nos gustaría. Pasaremos la fresca noche de Semana Santa junto a ellos y otra pareja alemana que se aloja con ellos estos días; nosotros, a falta de previsión, nos vamos en búsqueda de restaurante mientras nos acompaña el olor a pescado a la barbacoa de la pareja alojada. Quedamos con Susa para conversar al día siguiente.
La elección de Portugal
A los 18 años, Susa llegó por primera vez a Portugal y tuvo una revelación. Fue en Zambujeira do Mar, sentada frente al Atlántico, cuando sintió que quería vivir allí. Esa determinación temprana la acompañó desde entonces, incluso escrita en sus diarios escolares. Aunque ha vivido temporadas en Reino Unido, su deseo de echar raíces en Portugal nunca desapareció.
Construir desde la nada
Susa encontró el terreno en 1999, una parcela de tres hectáreas frente al mar, vacía y expuesta al viento. Sintiendo que era su lugar, comenzó el proceso de planificar la casa. La normativa era estricta: la obligaron a construir en línea, como las casas tradicionales de la región, y le limitaron tanto la forma de la vivienda como el número de ventanas. Solo le permitieron hacer un baño, al ser considerada una casa familiar. A pesar de ello, logró incluir puertas francesas que dan luz y amplitud, y diseñó cada rincón con sentido práctico y estético.
La casa está construida con doble capa de ladrillo, con una cámara de aire como aislante y corcho en la cubierta. Aunque su idea original era usar adobe, el coste la llevó a optar por materiales más accesibles. Con el tiempo, añadió un atelier donde pinta, inspirada por el paisaje y la luz de Portugal. Su casa es también su galería.
Una vida entre creatividad y sencillez
Con una historia personal marcada por pérdidas tempranas, Susa desarrolló una gran capacidad de autosostenimiento. Compró su primera propiedad a los 29 y ha sabido combinar su formación en ingeniería con trabajos en arquitectura, turismo, arte y formación. Ha hecho exposiciones de pintura, trabajado en reformas y actualmente su principal fuente de ingresos es alquilar su casa durante el verano. Ella misma se muda a una caravana con lo que define como vistas aún mejores. «El lujo para mí es comprar buenas verduras y estar en la naturaleza», afirma.
El ritmo del Alentejo
Susa valora especialmente el tempo de vida del Alentejo. Comparado con Alemania o Reino Unido, donde creció y vivió bajo presión por rendir, aquí experimenta una vida sin prisa, sin esa tensión constante. Aprecia las conversaciones profundas con quienes se alojan en su casa y siente que el intercambio humano es lo más valioso. No sigue muchas tradiciones, ni alemanas ni portuguesas pero está interesada en lo espiritual, ha estudiado ayurveda, feng shui, y actualmente coorganiza retiros de yoga y explora el coaching.
Mujeres que inspiran
Menciona a su abuela como uno de sus referentes en la vida. Susa encuentra inspiración en mujeres no convencionales, como Frida Kahlo o Marie Curie, por haber hecho lo que se suponía que no debían hacer como mujeres de sus generaciones. En su juventud fue una de las pocas mujeres en su carrera de ingeniería mecánica. Nunca lo vivió como una desventaja: enfrentaba los prejuicios con determinación, convencida de que podía demostrar lo contrario y conseguirlo.
Casa, identidad y pertenencia
Para Susa, casa es sinónimo de seguridad, de compartir, de belleza. Le gusta cambiar la decoración, mover cuadros, adaptar los espacios. “Me gusta tenerla bonita para todos”, dice.
También ha aprendido a no exigirse tanto. Si pudiera decirle algo a su yo adolescente, sería: “Sé amable contigo misma”.
Después de tantos años aquí, lo dice sin dudar: tiene pasaporte alemán, pero alma portuguesa.



