Tadelakt y Zellige más allá de paredes revestidas en Marruecos
Descubriendo el tadelakt a través de las mujeres
Descubrí el tadelakt poco a poco, sin darme cuenta. Me lo nombraban en conversaciones en mi último viaje por Marruecos, pero no lograba ubicarlo. Fue Najat en Tánger la primera que lo mencionó con orgullo al intentar aplicarlo en la reforma de su riad. Luego Saïda, en Amizmiz, lo usó en las paredes de su casa tradicional amazigh, y más tarde Asma, en su casa nueva en Taroudant, donde quiso aplicar el conocimiento local. Todas mujeres con las ideas muy claras, que intentaron incorporarlo en sus propias casas. Y las tres coincidieron en lo mismo: es difícil encontrar a alguien que lo sepa hacer bien, sobre todo en las grandes ciudades. Y quien lo sabe hacer bien, quiere cobrar mucho dinero. Y no me extraña: una vez que conozco un poco más del proceso, este revestimiento no es solo un acabado, me parece un arte de saber local.
Cómo se hace el tadelakt tradicional
El tadelakt es una técnica milenaria de estuco a base de cal, originaria de la región de Marrakech, que se usaba en palacios, riads y hammams. Un revestimiento que tradicionalmente se hace a partir de cal de la misma región, que se mezcla con agua, y a veces también con pigmentos naturales para colorear, o con polvo de mármol para dar más dureza, reducir fisuras y lograr un acabado más brillante. Se aplica a mano sobre una superficie previamente humedecida. Primero se da una capa base que se compacta bien, y luego una segunda más fina que se alisa. Una vez que empieza a endurecer, se pule con una piedra que va compactando poco a poco la mezcla y deja ese acabado suave y sedoso tan característico.
Después se sella con una solución a base de jabón negro típico de los hammams, elaborado con aceite de oliva, que al reaccionar con la cal crea una superficie impermeable. Ese sellado es clave para que el tadelakt funcione en baños o zonas húmedas. La verdad es que me costó tiempo empezar a reconocerlo. Pero una vez que lo hice, me empezó a enamorar un poco más cada vez. Si no fuera por lo complicado —y lo caro— que resulta encontrar aplicadores que lo dominen, lo propondría a todos mis clientes. No sé muy bien por qué, pero me transmite una sensación de calma y calidez a la vez que elegante, difícil de encontrar en otros materiales. Además, según cómo le da la luz, cambia ligeramente su tonalidad.


El color del tadelakt: pigmentos naturales
El color del tadelakt, si no se quiere el blanco-beige natural, se consigue añadiendo pigmentos naturales durante la mezcla. Estos pigmentos pueden ser ocres, tierras, óxidos de hierro o cromo y azules ultramarinos, que dan lugar a tonos suaves y cálidos: ocres, rojizos, verdes, azules… El resultado final depende no solo del pigmento y la cantidad, sino también de cómo se aplica, de la piedra que se usa para pulir y de la luz del espacio. Y para mí, ahí está su gracia: nunca hay dos iguales.
Mitos y confusiones: la clara de huevo
En Marrakech, una mujer me dijo convencida que el tadelakt se hacía con huevo. Yo también me lo creí, y no fue hasta hablar con otras mujeres y ponerme a investigar que descubrí que no era así. El tadelakt no lleva clara de huevo. Aunque en otras técnicas antiguas de pintura o estuco sí se han usado ingredientes como yema, esta técnica marroquí tradicional no la incluye.

Productos comerciales de tadelakt
Hoy en día existen preparados comerciales de tadelakt que facilitan mucho el proceso. Hay kits listos para usar que incluyen la mezcla en seco a la que solo hay que añadir agua, algunos con los pigmentos ya incorporados, además del jabón negro y las piedras de pulido.
Zellige: geometría que no pasa desapercibida
El zellige es más fácil de reconocer: esos pequeños azulejos esmaltados, de colores llamativos y formas geométricas, que cubren fuentes, paredes y suelos en palacios y mezquitas. Como en la mezquita Hassan II en Casablanca, donde la variedad de patrones me pareció increíble. Me da pena que en las casas de hoy apenas se vean, aunque en espacios tradicionales aún sobreviven. Es otra técnica de revestimiento que requiere de gran paciencia y práctica.
El zellige tradicional se hace completamente a mano. Primero se amasa arcilla natural (sobre todo en Fez), se seca al sol y se cuece en hornos tradicionales. Luego se aplica un esmalte —que puede llevar pigmentos naturales— y se vuelve a cocer. A partir de ahí, empieza el trabajo delicado del maâlem (maestro artesano): cortar cada pieza con martillo y cincel, una por una, para formar figuras geométricas que luego completarán el mosaico. No hay moldes ni máquinas, solo manos con mucha práctica. Por eso no hay dos piezas iguales.
Aunque solemos asociarlo a espacios monumentales, el zellige también estaba presente en muchas viviendas tradicionales, especialmente en patios, fuentes o zócalos de casas acomodadas.

Zellige y azulejos portugueses: raíces comunes del arte andalusí
Una parte que me está gustando mucho de este recorrido geográfico ordenado que estamos haciendo es ir encontrando relaciones históricas entre lugares que parece que no tienen nada en común. Como es el caso del zellige y el azulejo portugués, que comparten raíces en el legado andalusí, pero han evolucionado de formas distintas. En Portugal, el azulejo se convirtió en protección contra el clima y en sello de identidad en fachadas. En Marruecos, el zellige se mantuvo como un arte geométrico decorativo que protege paredes y las hace más duraderas.

Reflexión final
Ojalá este saber histórico, una manera de hacer que requiere paciencia, que es estética y tiene función, no se pierda. Porque en un mundo que va tan rápido, y donde todos queremos resultados inmediatos y baratos si puede ser, cada vez hay menos espacio para oficios que se aprenden con tiempo, práctica y dedicación. Aunque sea solo para revestir una pared, y sin dos acabados iguales, cuando se mira con cariño hay mucho por aprender detrás.

Datos prácticos
Fecha de la visita
Lugar
Contexto
Para saber más
Junio 2025
Costa atlántica de Marruecos, Marrakech, Atlas y Alto Atlas, Taroudant y ruta hacia Tafraoute.
Este texto nace de conversaciones y observaciones recogidas durante distintos viajes por Marruecos, combinadas con lecturas sobre técnicas constructivas tradicionales.
• Tadelakt tradicional y su uso en bioconstrucción y espacios húmedos (Ecohabitar)
• Zellige: proceso artesanal, geometría y saber tradicional (zellige.info)



