Filipa y su casa rural en el Algarve: Quinta da Figueira do Egipto
Llegamos de noche, para variar más tarde de lo previsto, después de haber pasado por maravillas de la costa del Algarve, incluyendo varios de sus pueblos más turísticos. Incluido Albufeira, un lugar que aún no se catalogar pero del que aún nos acompaña esa sensación de ruido, de gente y de exceso en todo a plena tarde.
De repente, el contraste es evidente. Hoy, sin duda, mucho mejor aquí que en esa especie de fiesta de after hour en la calle a media tarde.
Estamos a unos quince minutos de Olhão, en una zona residencial tranquila donde las casas unifamiliares y el campo son los protagonistas. La casa de Filipa nos recibe con los brazos abiertos. Es Semana Santa y ella está en un evento familiar, pero el cariño en cada detalle se nota desde el momento de la llegada.
Al día siguiente, ya con luz, nos conocemos, y es entonces cuando empezamos a entender realmente el lugar.
En pocas palabras
| 🧑 Nombre | Filipa |
| 📍 Lugar | Olhão, Algarve, Portugal |
| 🏠 Tipo de vivienda | Casa unifamiliar |
| 📅 Vive aquí desde | Desde los 15 años |
| 🌍Su origen | Olhão |
| 🔍 Dato curioso | Educó a sus hijos en casa durante años |
La rutina como forma de conocer la casa
Empezamos el día acompañándola en su rutina, que resulta ser la mejor forma de entender la casa. Dar de comer a los animales, la huerta, pequeños cuidados… Yo acompaño más de lo que ayudo, no tengo ni idea, y ella va explicando todo con naturalidad.
Hay gallinas, gansos, loros, perros, y ese recordatorio constante de mirar al suelo al caminar porque siempre hay algo que esquivar. Pasamos por los naranjos, plantados por su abuelo antes incluso de que existiera la casa, y poco a poco todo empieza a tener más sentido.
La casa es de su familia. Sus padres la construyeron cuando ella tenía unos nueve años, en un terreno heredado, con esfuerzo y con la ayuda de gente cercana. Mientras recorremos el exterior, me explica el porqué de las chimeneas algarvías y con cariño lo importante que es la suya para ella. Habla de ello con una mezcla de orgullo y cariño.
Una casa que evoluciona con ella
El huerto no estaba en la casa original, llegó más tarde, cuando fue madre. Antes trabajaba como maestra infantil, pero decidió dejarlo para quedarse en casa y cuidar de sus hijos.
No lo cuenta como un gran cambio, sino como algo que fue tomando forma poco a poco, hasta convertirse en parte de su día a día.
Por cómo habla de la casa, se entiende que es un proyecto que sigue en marcha. Le gustaría desarrollar más el espacio: crear zonas para yoga, una piscina para los veranos duros del Algarve, espacios para meditación o pequeños talleres.
Dentro, la casa refleja bastante bien su forma de ser. Muchas de las cosas que hay no las ha comprado: las ha heredado, encontrado o recuperado, y después restaurado. Ha sido su manera de hacer la casa propia, especialmente después de haber vivido en ella con sus padres y, más tarde, con sus hijos y pareja.
Vivir con intención: intuición, feng shui y calma
Habla de cómo la casa cambia con ella. De cómo los momentos personales acaban reflejándose en el espacio: mover cosas, reorganizar, dar nuevos usos a lo que ya existe.
La cocina es un buen ejemplo. A ella no le gusta cocinar, pero aun así le da importancia al espacio por lo que representa dentro de la casa. Ha aplicado algunas ideas de feng shui adaptadas a ella, como colocar un espejo frente al fogón para poder ver a los demás mientras cocina. Lo relaciona con la comunicación, con no estar de cara a la pared.
También utiliza tarros de cristal para tener la comida visible. No tanto por organización, sino por la sensación de abundancia.
Cuando habla de mindfulness, lo hace sin teoría. Para ella es algo mucho más sencillo: estar en lo que está pasando, sin intentar llenarlo todo de planes.
Espacios con historia
El salón es uno de los espacios más especiales de la casa para ella. Sobre todo por el techo de ladrillo, poco habitual en este tipo de construcciones. Se trata de un material tradicional en una posición poco tradicional. Su padre vio algo parecido en una casa más pequeña y decidió hacerlo a lo grande. El resultado es un espacio singular, con mucha presencia.
Durante un tiempo lo utilizaban para talleres y actividades en grupo. Ahora convive con un uso más familiar: un sofá orientado hacia la chimenea, mientras la única televisión de la casa queda en segundo plano.
Mientras le brillan los ojos me muestra el rincón dedicado a su padre, con trofeos de ciclismo. Es su homenaje en vida hacia él.
Educar en casa y aprender sobre la marcha
En la conversación aparecen también decisiones más personales, como haber educado a sus hijos en casa durante años. No desde un enfoque académico rígido, sino acompañando sus intereses y dejando espacio para que descubrieran por sí mismos.
Lo cuenta con naturalidad y también con honestidad, reconociendo que es un proceso en el que se aprende sobre la marcha y del que han salido grandes cosas buenas, pero que otras podrían haber sido mejores.
Quinta da Figueira do Egipto
La casa también está abierta a huéspedes bajo el nombre de Quinta da Figueira do Egipto. Es una opción tranquila y auténtica en la zona, lejos del ambiente más turístico de otras partes del Algarve.
El nombre tiene su propia historia. No viene de ninguna higuera exótica, como podría parecer, sino de un algarrobo centenario que hay en la finca. Para su padre, ese árbol era su taller: allí arreglaba coches y pasaba tiempo, viendo las estrellas por la noche.
Para Filipa sigue siendo un punto de referencia. Algo que siempre ha estado ahí y que conecta distintas generaciones, para ella la abuela del lugar.
Qué significa casa
Cuando le preguntan qué es para ella la casa, lo tiene claro, lo define como un templo. Un lugar donde reconectar, recargar energía y desde el que salir hacia fuera.
Después de pasar tiempo allí, se entiende bien lo que quiere decir. Y también por qué ha decidido construir su vida alrededor de este lugar.


