Viviendas flexibles: ¿para qué modelo de vida está pensada tu casa?

Es recurrente que alguna amiga, amigo, familiar o incluso yo en otra etapa de mi vida esté buscando vivienda para compartir y siempre pase lo mismo. Pisos con varios dormitorios donde uno es claramente “el bueno”: da a la calle, tiene mejor ventana, más luz y armario. Las demás, habitaciones donde apenas cabe una cama de 90, sin almacenamiento suficiente y, en algún caso, sin luz natural.

En otros casos, pisos donde cuatro o cinco personas van a convivir y el anuncio destaca “dos baños”, pero uno de ellos está dentro del dormitorio principal. Por lo que no son dos baños, es uno compartido y otro privatizado. ¿Quién va a usar ese baño?

La mayoría de las viviendas que habitamos, o incluso diseñamos quienes nos dedicamos a ello, están pensadas para una forma concreta de vida que antes quizá era la habitual, pero que hoy ya no lo es tanto. Este modelo se consolidó a finales del siglo XIX en Occidente, especialmente en el ámbito burgués: familias nucleares estables, con una estructura jerárquica que terminó traduciéndose en el parque de viviendas que todavía repetimos.

El dormitorio principal como herencia cultural

Desde una perspectiva de género, la jerarquía entre dormitorio principal y secundarios tiene un significado claro. La vivienda moderna se diseñó bajo una idea muy concreta de familia y de autoridad interna: una pareja heterosexual adulta, dónde él trae el dinero a casa, que no se separaba, ocupando el espacio privilegiado y unas habitaciones subordinadas pensadas para hijos o dependientes. En algunos contextos, incluso con esa estancia cercana a la cocina vinculada al servicio doméstico.

Por lo que plano establece una escala de importancia antes de que nadie habite la casa. Y esa escala no es neutra.

Cuando hoy esa misma planta la ocupan cuatro personas adultas con ingresos similares, dos personas que no forman pareja, una familia monoparental o divorciada, o cuando simplemente los hijos crecen y las habitaciones sobran, la jerarquía se desajusta y no funciona. Si la vida cambia con el tiempo y las formas de convivencia son diversas, ¿hasta cuándo seguir repitiendo la vivienda tradicional?

Flexibilidad y desjerarquización

La vivienda flexible tiene que ver, por supuesto, con cuestiones técnicas: estructuras que permitan redistribuir, tabiques móviles o desmontables, instalaciones que no bloqueen futuras modificaciones.

Habitaciones que puedan integrarse en la sala cuando no se necesitan, otras que puedan dividirse si es necesario. Baños completos y almacenamiento accesible desde zonas comunes, no privatizados desde el inicio.

Pero la flexibilidad no es solo capacidad de transformación física. Es también reducción de jerarquías predefinidas. Si una planta parte de estancias equivalentes, el reparto es negociable. Si una habitación es claramente superior, la desigualdad está inscrita en el espacio desde el primer día.

Hay arquitectas como MAIO o Cierto Estudio que están revisando estas tipologías en profundidad y ya cuentan con bloques construidos donde la vivienda puede adaptarse en el tiempo sin partir de una jerarquía rígida.

Un ejemplo es 101 Habitaciones de MAIO, donde cada planta se compone de veinte habitaciones que pueden dividirse en cuatro apartamentos sin pasillos. Las zonas húmedas se concentran en núcleos fijos centrales y, mediante grandes puertas correderas, cada usuario puede transformar su vivienda según sus necesidades.

Otro ejemplo es la IIlla Glòries de Cierto Estudio, donde la planta se organiza en torno a un núcleo central girado 45 grados que permite configuraciones diversas sin jerarquías rígidas entre estancias. La eliminación de pasillos genera continuidad visual y amplía la percepción del espacio, mientras que las terrazas de acceso crean espacios intermedios que desdibujan el límite entre lo público y lo privado.

Incluso en lugares como Euskadi, donde trabajo, estos planteamientos han llegado a la normativa de habitabilidad vigente desde finales de 2022. Se exige que las habitaciones tengan dimensiones equivalentes y que la distribución permita mayor flexibilidad entre usos, entre otras cuestiones.

¿Qué idea de convivencia presupone tu casa?

Tenemos asumido que cuando una vivienda ya no nos encaja por su distibución nos mudamos o la adaptamos como podemos. Pero quizá el problema no sea nuestro, sino del modelo que seguimos repitiendo.

Diseñar viviendas que puedan acompañar distintas etapas de la vida y distintas vidas no debería ser una excepción, sino el punto de partida. Si la vida es cambiante y diversa, el espacio también debería serlo.

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