Cuatro mujeres saharauis de espaldas caminando por una calle de Boujdour, vestidas con coloridas melhfas azules y rosas, entre edificios y palmeras

Un recorrido por la ropa femenina entre Tánger y Dakhla

Durante mi recorrido desde Tánger hasta Dakhla, la ropa de las mujeres se convirtió en una de las protagonistas de mis observaciones. Y, igual que el paisaje y la arquitectura, ha ido cambiando y mezclándose de manera cotidiana. Juntos me han dando muchas pistas que ayudan a entender una realidad y un lugar. Así, tradición, origen, religión, clima y vida diaria se entrelazan y fluyeron en cada prenda con naturalidad durante el recorrido de la etapa II de la vuelta Camu Camu.

A medida que avanzaba hacia el sur, cuanto más intentaba entender cómo vestían las mujeres, menos sentido tenían las explicaciones rápidas y únicas. No he visto una única forma de vestir, sino una mezcla constante que cambia según la región, la edad, la ocasión o simplemente la persona.

El texto no pretende sentar cátedra sobre la ropa femenina en Marruecos. Seguro que alguien con más conocimiento encontrará matices y errores. Este es solo un itinerario por el pasado y presente de la ropa de las mujeres en mi ruta, basado en conversaciones, observaciones y lecturas realizadas.

Una clase en Tánger para todo el recorrido: cuando la comodidad gana

En Tánger, Rababe me explica cómo ha cambiado la vestimenta femenina en la zona. Me cuenta que, en el pasado, las mujeres en la zona usaban el haïk, una gran tela blanca que cubría todo el cuerpo y parte del rostro. Pero a partir de los años 50 y 60, con la entrada de mujeres en la universidad y en el mundo laboral, en busca de algo más cómodo, se popularizó la djellaba, una prenda que hasta entonces había sido únicamente masculina.

Dos mujeres vestidas con djellabas coloridas y pañuelo caminando por una calle en Marruecos

La djellaba es una túnica larga con mangas y capucha puntiaguda única en Marruecos. Durante años las mujeres cogían la de sus padres o hermanos, pero desde hace tiempo se fabrican especialmente con diseños y colores para mujeres. La forma continúa siendo la misma, pero los colores y los bordados las diferencian. Diría que es la pieza de ropa más habitual en todo el recorrido.

Colorido puesto con caftanes y gandouras bordadas en un souk de Marruecos

Hoy en día las combinaciones son muy variadas: algunas mujeres llevan djellaba con o sin hiyab, otras prefieren pantalones y camisas con o sin hiyab, y muchas, sobre todo en ciudades, alternan según la ocasión o la estación. Las elecciones responden a tantos motivos como mujeres: desde cómo cada una vive su religión hasta costumbres familiares, cultura local, identidad, comodidad o incluso una resistencia consciente a la occidentalización.

Rababe lo resume así:

“Yo a veces uso algo muy largo, como una djellaba, y a veces solo un jeans, con algo de manga larga. Dependiendo del día. En invierno me gusta llevar esto (djellaba). Es grande y cómodo.”

En celebraciones o en casa

Rababe también nos habla de otras prendas muy comunes en el vestuario diario de las mujeres, tanto para días de celebración como para estar en casa o los días especialmente calurosos.

Por un lado está el caftán, un vestido largo y elegante con influencias persas, otomanas y andalusíes, que con el tiempo se convirtió en símbolo de distinción femenina en Marruecos. Los más elaborados se reservan para bodas, fiestas religiosas y celebraciones familiares, y las versiones más sencillas se usan dentro de casa cuando se reciben visitas importantes.

Caftanes tradicionales con bordados dorados expuestos en un mercado marroquí

Luego está la takchita, que aunque Rababe no me habla de ella, la vemos en la zona de bodas de todos los souk del país. Es la versión más ceremonial del caftán, formada por dos piezas, un caftán interior y una capa exterior más decorada, ajustada con un cinturón bordado. Sin duda parece ser la prenda estrella de las bodas marroquíes.

Dos mujeres vestidas con takchitas bordadas, traje ceremonial tradicional marroquí, en un entorno festivo

Para los días calurosos y, sobre todo, en casa, la mayoría usan la gandoura: una túnica ligera de manga corta, con bordados sencillos en el pecho o el escote, que permite estar fresca sin, como Rababe dice, perder ese aire elegante.

El niqab

Durante la ruta también me encontré con mujeres con niqab. Lo he visto a lo largo de todo el viaje, más o menos presente según la zona, aunque siempre en menor proporción que otras prendas. En ciudades grandes como Casablanca o Agadir se ve poco, pero en ciudades más pequeñas o pueblos más rurales, algo más.

El niqab cubre el rostro dejando solo los ojos al descubierto y suele acompañarse de una túnica larga. En la ruta aparecía sobre todo en negro y, en algunos casos, acompañado de guantes.

Por lo que he podido leer, tiene raíces vinculadas a prácticas de modestia presentes históricamente en algunas zonas de la península arábiga y que posteriormente fueron incorporándose a determinadas corrientes del islam.

Reconozco que me genera cierta incomodidad no ver el rostro de alguien con quien comparto espacio, probablemente porque crecí en un contexto donde la cara ocupa un lugar central en la forma de relacionarnos. También soy consciente de que mi propia mirada está atravesada por un contexto europeo donde este tipo de prendas suelen convertirse constantemente en objeto de debate político y simbólico.

No tuve ocasión de hablar en profundidad con mujeres que lo llevaran, así que prefiero no proyectar interpretaciones sobre algo que no conozco suficientemente.

Vestimenta en tierra amazigh – Chleuh

En Achbarou, Samira y Mariam me explican que en la etnia Chleuh, mayoritaria en la Souss-Massa, el Anti-Atlas y parte del Alto Atlas occidental, también se llevan djellaba, gandoura o caftán, pero con otros colores y materiales. Algunos son de algodón o lana según la temporada y la temperatura, normalmente de tonos más oscuros y sobrios.

Mujer con pañuelo verde y caftán azul estampado de algodón caminando por un sendero rural cerca de Amzmiz, Marruecos
Mujer de espaldas cargando un fardo de leña en las montañas del Atlas, Marruecos

Además me enseñan y hasta me dejan probar el vestido tradicional festivo de los Chleuh, compuesto por dos piezas, falda larga y blusa bordada, en colores vivos donde predominan el rojo y el amarillo, cubierto con una capa de encaje blanco y acompañado de joyas de plata y collares amazigh.

Al ponérmelo entendí lo complejo que debe de ser llevarlo. Se me caía el pañuelo de la cabeza y la joya de la frente al mínimo movimiento.

Mujer con vestido tradicional amazigh cubierto por un manto de encaje blanco con bordes de colores y joyería tradicional con monedas
Mujer ayudando a colocar el tocado a otra vestida con traje tradicional amazigh rojo, encaje blanco y adornos de colores

En Amizmiz, Saïda nos cuenta que prefiere diseñarse caftanes a medida, más modernos y bordados, para trabajar. En lugar de hiyab, suele llevar turbante: una elección personal que recupera una forma de cubrirse habitual entre las mujeres amazigh en el pasado y que hoy vuelve a ser parte de su identidad personal.

El caso de Tafraoute

En Tafraoute y aldededores, desde la carretera hasta el casco urbano, y en su souk, llama la atención una vestimenta predominante entre muchas mujeres: el tamlḥaft. Una tela de unos seis metros de largo, con coloridos bordados en el perímetro, que se usa tanto en la vida cotidiana como en celebraciones.

Lo habitual es verla en negro, mientras que el blanco se reserva para bodas. Me llamó especialmente la atención la variedad de formas de llevarla: algunas mujeres mayores o más tradicionales se cubren el rostro cuando alguien pasa cerca, mientras que otras más jóvenes la ajustan en el hombro, con camisa debajo, dándole un aire completamente distinto.

Tradicionalmente se acompaña de joyas amazigh como la tawenza y la tazra, hoy reservadas casi siempre para celebraciones pero muy visibles en tiendas de la ciudad.

Dos mujeres amazigh vestidas con tamlḥaft negro caminando por una calle de Tafraoute, sur de Marruecos

Zona pre-sahariana

En Tiznit empiezan a aparecer las melhfas junto al resto de vestimentas habituales en Marruecos. La melhfa es la prenda de vestir de las mujeres saharauis: grandes telas coloridas y estampadas de varios metros que envuelven cuerpo y cabeza. En esta zona, muchas la llevan atada con firmeza a la zona de la boca, a diferencia del sur, donde suele caer de manera más suelta y no cubrir la cara.

En Guelmim, apenas unos kilómetros más al sur, predominan las melhfas coloridas, ya completamente sueltas.

Mujeres sentadas en el mercado de Guelmim; algunas llevan melhfa, una viste niqab negro y otras llevan ropa más urbana
Mujeres con melhfa en tonos morados, verdes y azules caminan y venden productos en el mercado cubierto de Guelmim

El Sáhara Occidental

Ya entre El Aaiún y Dakhla, me sorprendió ver más mezcla que en Guelmim. La ropa en esta zona también parece hablar de una situación territorial y política compleja que desarrollaré en otro momento, pero dejo una pregunta: en una tierra donde la melhfa es la prenda tradicional de las mujeres saharauis, ¿qué significa que hoy conviva, e incluso a veces quede menos visible, junto a otras formas de vestir habituales en Marruecos?

La ropa también parecía hablar de un territorio atravesado por décadas de conflicto, desplazamientos, relaciones de poder y superposición de identidades, donde las fronteras culturales no aparecen de forma nítida ni sencilla.

La playa y el burkini

Otra prenda que merece mención en este recorrido, por el que pasamos por muchos kilómetros de costa y sus consecuentes playas, es el burkini. Una prenda que, a pesar de su nombre, nada tiene que ver con el burka y que se ve de forma habitual y natural en las playas y tiendas de las poblaciones costeras.

Se trata de una prenda para el baño que cubre piernas y brazos y a veces cabeza, habitualmente de color oscuro con una pieza también oscura o estampada y colorida más holgada por encima.

Es muy habitual que las mujeres la lleven en playas o piscinas y, como Raja me contó durante mi estancia con ella en Agadir: “yo es la prenda que llevo en la playa, porque es como voy más cómoda”.

Cada verano se habla mucho en Europa de lugares donde se ha prohibido o se quiere prohibir, y a mí me vuelve siempre la misma pregunta: ¿a quién le molesta exactamente que una mujer vaya cómoda a la playa? Porque si el argumento es la libertad, quizá también habría que escuchar a quien dice que así se siente más cómoda. Si el problema es ir vestido a la playa, ¿qué pasa entonces con los neoprenos o a quien decide bañarse con camiseta o pantalón para no quemarse.

Conclusión

Así, después de muchos kilómetros, y de yo misma haber caído involuntariamente en simplificaciones a pesar de intentar evitarlas, me parece que lo apasionante es que cada prenda habla no solo de estética o moda, sino igualmente de historia, religión, clima, migraciones, tradición, transformación social y reivindicación social.

Y reconozco que hay algo en esa relación tan visible entre ropa, identidad y territorio que me genera cierta fascinación. No sé si algo parecido existió en España o si simplemente tomó otras formas, pero me hace pensar en la cantidad de capas culturales que a veces quedan diluidas cuando todo empieza a parecerse demasiado.

Este recorrido me ha hecho pensar en la facilidad con la que muchas veces intentamos entender a otras mujeres desde categorías simples y aplicando nuestra propia lógica y contexto. Como si existiera una única manera de vivir la religión, la tradición, la modernidad o incluso la libertad.

La ropa femenina en esta ruta de Tánger a Dakhla ha sido, para mí, un espejo vivo de la riqueza cultural de estas tierras. Y un recordatorio de que, cuanto más veo y leo, más desconfío de las frases que empiezan por “las mujeres de tal lugar…”.

Vista general del Souk El Had de Agadir al atardecer, con palmeras y decenas de personas caminando y descansando en bancos, reflejando la diversidad social y estilística de Marruecos.

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